De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el sector de manufactura industrial representa el 16,5% del PBI nacional, la minería el 13,1% y la construcción el 4,4%. Son, sin duda, sectores indispensables para la economía peruana. Por tanto, su continuo funcionamiento es necesario para el desarrollo del país, incluso en medio de un proceso de cuarentena debido a la segunda ola de contagios de COVID-19.
Sin embargo, esto no quiere decir que los trabajadores de sectores esenciales como estos deban estar expuestos a contagios de coronavirus.
Rosa Naters, directora comercial de G4S Perú, empresa líder mundial en seguridad integral, brinda una serie de consejos para proteger a los colaboradores de estos sectores y continuar con las operaciones industriales, esenciales para el país.
Campañas de prevención. Tras un año de pandemia, el uso de mascarillas y el distanciamiento social es algo que ya se ha implementado en todas las empresas, sin importar el rubro. Sin embargo, los equipos de protección no son suficientes. La especialista recomienda la difusión constante de campañas de prevención y autocuidado para que cada trabajador asuma la responsabilidad de su propia salud. “De nada nos sirve solo repartir equipos de protección personal (EPP), si no hay una conciencia y prevención individual en cada uno de los trabajadores”, explicó Naters.
Cadena de suministros segura. Uno de los primeros pasos para implementar una estrategia de seguridad integral es la evaluación de riesgos por parte de especialistas. Debido a la delicada naturaleza sanitaria que atravesamos, es necesario que esta evaluación identifique vulnerabilidades no solo en la propia empresa, sino también en sus proveedores, quienes brindan servicios tercerizados y en colaboradores externos. Solo cuando todo el ecosistema alrededor de la empresa esté protegido, esta podrá operar de manera realmente segura.
Mapa de calor. Esta es una de las capacidades que las cámaras de seguridad más modernas cuentan hoy. Las cámaras identifican, a través de una representación gráfica de los datos representados por colores, los tiempos de visita y el tiempo de permanencia de personas en un área específica. Esto puede ser utilizado por la empresa para evitar aglomeraciones que expongan al personal a contagios.
Inversión inteligente. Sin importar si se trata de una pyme o una gran corporación, toda empresa necesita medidas de seguridad para operar adecuadamente. Lo esencial es que se implemente acorde a las necesidades reales de cada organización y se cree una estrategia según su presupuesto. En cualquier caso, se trata de una inversión inteligente. De acuerdo a un cálculo de la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), cada dólar invertido en seguridad y salud genera un retorno del 120%.
Para Justo Villafañe Gallego, presidente de Villafañe & Asociados, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, la reputación corporativa se define como el reconocimiento que los stakeholders de una compañía hacen del comportamiento corporativo de esa compañía a partir del grado de cumplimiento de sus compromisos con relación a sus clientes, empleados, accionistas si los hubiere y con la comunidad en general.
La reputación corporativa es el concepto más emergente dentro del management actual y una de las principales fuentes del valor intangible de las empresas. A diferencia de otros conceptos que ha generado el management en las últimas décadas y que tuvieron un escaso desarrollo teórico y profesional, más allá del glamour inicial que los popularizó, la reputación corporativa constituye una síntesis de los factores de éxito de una compañía, de los duros como los resultados económico-financieros o la calidad de la oferta comercial, y también de los blandos como la responsabilidad social corporativa o la calidad laboral. La imagen corporativa cuando se alarga en el tiempo se convierte en reputación corporativa.
Este es uno de los conceptos que el recientemente publicado Diccionario de la reputación y de los intangibles empresariales -del que Villafañe es coautor- trata de definir. Se trata de un diccionario temático que establece los conceptos y conocimientos básicos, y los más admitidos empresarial y académicamente, sobre la reputación y los recursos intangibles de las empresas según una Teoría de la Reputación Corporativa. Es una obra coral, redactada por consultoras y consultores de Villafañe & Asociados, que además ha contado con la inestimable colaboración de unas decenas de CEOs de las principales corporaciones y de académicos de prestigio de Hispanoamérica.
Estos son solo algunos de los más de 200 conceptos presentes en la publicación:
Activo intangible. Son activos inmateriales, sin sustancia ni esencia física pero que sí poseen capacidad para generar beneficios económicos futuros controlables por la empresa propietaria. Los activos intangibles visibles son los generados internamente, o por adquisición a terceros, y sobre ellos existe una regulación contable; los activos intangibles ocultos, como el talento de una organización, no tiene regulación contable y su valor económico, que existe, no puede incluirse en el balance porque dicho activo no está protegido.
Activismo empresarial. La iniciativa de organizaciones de participar activamente en asuntos públicos, sociales y medioambientales desligados de su negocio, con la intención de influir en la opinión pública. El activismo corporativo podrá generar reputación en la medida en que el objeto de ese activismo esté alineado con el propósito, visión, misión y valores corporativos de una compañía y contribuya a generar confianza entre sus stakeholders.
Binomio reputacional. La reputación corporativa es un binomio cuyo primer elemento es la realidad, o el desempeño de una empresa y el segundo, el reconocimiento que sus principales stakeholders hacen de dicha realidad y desempeño.
Compromisos de marca. Concretan la propuesta de valor de una marca reputada y como compromisos fehacientes que son, deben cumplir tres condiciones: ser explícitos, suficientemente conocidos por aquellos grupos de interés a quienes conciernen y que normalmente suelen ser los clientes; verificables, de manera empírica y por último, han de ser consecuentes, es decir, que cualquier incumplimiento parcial o total de la empresa tendrá consecuencias y la empresa, libremente y de acuerdo a una escala de consecuencias, resarcirá al sujeto que sufriera el incumplimiento.
Cálculo económico de la incidencia reputacional (CIR). Permite realizar una aproximación de la contribución de la reputación a los resultados de una empresa. La metodología del CIR se basa empíricamente en la elaboración de la Matriz de Incidencia Reputacional (MIR) donde se identifican los impactos en la reputación corporativa que tienen los stakeholders más relevantes a través de los procesos productivos o comerciales de la organización. Estos procesos son valorados económicamente para poder aislar el factor reputacional o contribución económica de la reputación.
Crisis de reputación. Cualquier riesgo vinculado o no a la cadena de valor de la compañía, que afecte negativamente a la satisfacción de las expectativas de alguno de sus grupos de interés clave, de manera suficientemente grave que menoscabe severamente la reputación corporativa debe considerarse una crisis de reputación.
Matriz de materialidad. Es el resultado del estudio de materialidad que prioriza los aspectos claves para la organización teniendo en cuenta tanto su importancia para el desarrollo del negocio como su relevancia para los stakeholders clave de la compañía. Las prioridades establecidas en dicha matriz determinan el impacto económico, social y ambiental de la compañía y establecen las bases para la definición de la estrategia de sostenibilidad de la organización y el reporte de su actividad en estos tres pilares ante terceros.
Índice Global de Reputación (IGR). El IGR es una métrica específica de cada empresa que se desglosa en unidades de gestión concretas y accionables y que permite medir –de acuerdo con un baremo de 0 a 1000– todas las métricas internas y externas que maneja una organización para conocer la evolución de su realidad o desempeño y de las valoraciones de sus stakeholders de forma comparable a lo largo del tiempo y con respecto a las ratios de su sector y/o de la competencia. Dichas métricas se ponderan en función de la importancia que representan para cada stakeholder y de la propia importancia del stakeholder en la reputación corporativa.
Propósito. El primer autor que utiliza el término “liderar con propósito” es Richard R. Ellsworth (2002), aunque esta noción no se ha incorporado definitivamente al management empresarial hasta hace poco tiempo. Por propósito se entiende la idea que da sentido y significación a una organización en el medio y largo plazo. El propósito de una organización tiene su origen en la identidad corporativa de ésta y constituye el origen del relato corporativo que se completa con las declaraciones de visión, misión, valores corporativos, proyecto empresarial y marca.
Valor emocional de una marca. Es el valor con mayor capacidad de diferenciación de una marca y, en consecuencia, el que más hay que fortalecer. Las marcas son, fundamentalmente, objetos de intermediación cognitiva con sus públicos; las marcas facilitan –aunque sea por simplificación– una mejor comprensión de la complejidad del mundo actual, una de cuyas características según Lipovetsky (2006) es una visión individualista y vacua del entorno social, de la comunidad, en la que viven y se desenvuelven. En esta era del vacío, las marcas ordenan algo el caos en el que se desenvuelve ese individuo que carece, según el autor francés, del criterio suficiente para discernir, y le facilitan la adscripción personal en torno a valores que expresan su propia personalidad. El valor de autoexpresión de una marca es el que mayor retorno económico le puede reportar.
Si bien los conceptos pueden parecer obvios para los profesionales que se desempeñan en el campo de las relaciones públicas, hay muchas personas que no tienen claras las diferencias entre cada uno de ellos. Incluso es posible que los propios comunicadores y profesionales de otras áreas no se hayan detenido nunca a preguntarse por su definición exacta y cómo se relaciona cada concepto con la gestión de una agencia de PR y lo que busca un cliente.
La identidad corporativa. Según el Reputation Institute de Australia, se define como el conjunto de símbolos que una organización utiliza para identificarse ante distintos grupos de personas. La identidad de una empresa es como la personalidad de un individuo, que se tiene, quiérase o no, por el mero hecho de existir. Sin embargo, esto no significa que no se pueda cambiar. Al contrario, si una empresa considera que sería conveniente cambiar la manera cómo se define ante sus públicos puede y debe hacerlo. Para seguir con la alegoría, sería el mismo caso si una persona averiguara que sus amigos consideran que algunos rasgos de su personalidad son desagradables.
La identidad corporativa puede subdividirse a su vez en dos. Por un lado, la cultura corporativa, que es el conjunto de creencias (conjunto de ideas básicas sobre la organización), valores (los principios que rigen la organización) y las pautas de conducta (modelos de comportamiento que expresan las creencias y valores de la organización). En segundo lugar está la filosofía corporativa, que se define como lo que la organización quiere ser y vincula el presente con el futuro de la empresa. Esta filosofía se ve plasmada en la misión, visión y valores corporativos.
La imagen corporativa. Esta va un paso más allá. Es la impresión que produce en el público la identidad de la empresa. En ese sentido, la imagen es el conjunto de significados asociados a una organización. La imagen de una empresa es la visión que tienen de ella cada uno de sus públicos, es decir, las ideas y asociaciones que utilizan para describirla o recordarla.
El tener bien definida la imagen corporativa ofrece grandes beneficios como aumentar el reconocimiento del negocio, generar mayor confianza a empleados y clientes y posicionar la marca en la mente de los consumidores.
La reputación corporativa. Finalmente, la reputación corporativa es un juicio de valor de la empresa que los públicos efectúan comparando la imagen corporativa con los valores y comportamientos que consideran ideales para este tipo de organización a partir de las interacciones que tienen con ella. La imagen de la empresa que se forman los públicos tiene que ver con el conjunto de inputs que reciben, mientras que la reputación es la valoración de estos inputs según unos criterios. La reputación deriva de las relaciones que una compañía establece con sus grupos de interés y la calidad de cada relación forma la particular imagen que la compañía da a este grupo. Consistentes o inconsistentes, esas imágenes se combinan para crear el concepto de «reputacional de la compañía».
Además, es muy importante señalar que la reputación es un intangible que tiene un gran componente emocional y subjetivo. Se basa en expectativas, cuanto más grande y fuerte eres más se espera de ti. Por lo tanto, si te equivocas la caída es más dura y levantarte cuesta más. También debemos señalar que si la reputación es buena por mucho tiempo, los consumidores pueden darte una oportunidad ante la crisis, pero no puedes esperar que siempre lo hagan, sobre todo cuando tienen diferentes opciones para reemplazarte. Cuando una marca no cumple con su promesa, definida en su identidad, o su comportamiento no se ajusta a la misma, el público lo notará y su reacción puede ser tan grande como las expectativas que tiene hacia la marca.
Toda empresa, supuestamente basándose en su identidad, desarrolla su labor empresarial relacionándose con sus proveedores, con sus clientes, con sus accionistas, es decir con sus diferentes públicos de interés. Esas acciones generan en ellos una “imagen” de esa empresa. Por lo tanto, todas y cada una de las acciones llevadas a cabo desde una corporación son generadoras de imagen corporativa, toda acción comunica y toda comunicación es una forma de acción.
El estado ideal sería conseguir que nuestros públicos nos vieran como nosotros queremos ser vistos, es decir, que la reputación e imagen corporativa que generamos sea lo más parecida posible a nuestra identidad; eso querría decir que en nuestra relación con nuestros públicos hemos sabido comunicar, y que se entiendan, los valores y propósito que nos mueven como organización.
Los negocios son hoy impensables sin tomar en cuenta la sostenibilidad, tanto por un nivel de compromiso con sus diferentes stakeholders y el medio ambiente, como por su impacto en la reputación de la organización. Por ello, cobran cada vez más importancia tendencias como la ESG. Estas siglas en inglés significan Environmental (medio ambiente), Social (social), and Corporate Governance (gobierno corporativo).
Las palabras se refieren al cumplimiento de estándares en cada uno de estos aspectos, que a su vez obedecen a ciertos criterios en el campo medioambiental, social y de gobierno corporativo. En otras palabras, ESG es un conjunto de estándares que deben cumplir las operaciones de una empresa para que los inversionistas con conciencia social puedan detectarlas como posibles inversiones.
Cada uno de estos criterios influye al momento de decidir una inversión, pero lo hace de distinta manera:
Criterio ambiental: El inversionista considera cómo se desempeña la empresa como administradora de la naturaleza. Incluyendo el uso de energía, los desechos, la contaminación, la conservación de los recursos naturales y el tratamiento de/a los animales. Los criterios también se pueden utilizar para evaluar cualquier riesgo ambiental que pueda enfrentar una empresa y cómo la empresa está gestionando esos riesgos.
Criterio social: Se examina cómo gestionan las relaciones con los empleados, proveedores, clientes y las comunidades donde opera. Esto implica desde salarios justos y beneficios laborales acordes a ley para los trabajadores, hasta el cumplimiento de normas para la protección de la comunidad en la zona de influencia de un proyecto, como -en nuestro país- el respeto a consulta previa.
Gobierno corporativo: Se analiza el liderazgo de la empresa, la remuneración de los ejecutivos, las auditorías, los controles internos y los derechos de los accionistas y todos los demás actores que participan en las relaciones de la empresa. Además, se analizan los mecanismos que la empresa ha implementado para combatir la corrupción en sus procesos, ya sean internos o en el caso de licitaciones u otros.
Hoy, las gestoras de todo el mundo trabajan para incorporar los criterios ESG en sus procesos de inversión y productos, bien sean estrategias de gestión activa como de gestión pasiva. Esta tendencia ha tenido diversas caras, desde gamas de fondos sostenibles y de impacto, hasta la adhesión a los principios que las instituciones internacionales, públicas o privadas, promueven acerca de la inversión responsable.
Aunque todo esto puede sonar lejano e incluso teórico, trae consecuencias y beneficios reales. En opinión de Graeme Anderson, presidente y gestor de Twentyfour Asset Managers el respeto a los criterios ESG es una cuestión de rendimientos. “Nuestro análisis nos ha confirmado que los sectores y valores más respetuosos con los factores ESG tienden a comportarse mejor en bolsa que aquellos que no lo son, y los datos históricos muestran que ha sido así desde hace algún tiempo”, señala Anderson.
No es la única ventaja. Un estudio realizado en Harvard, las empresas que se hicieron cargo de los factores ESG tuvieron un incremento de 46.4% en el precio de sus acciones versus las empresas que no lo gestionaban. El mismo estudio señala también que las empresas con una gestión ESG tienen menor tendencia a la devaluación de sus acciones.
Afortunadamente, no se trata de un compromiso exclusivo de las empresas. Estos avances se ven cada vez más favorecidos o apoyados por estrategias nacionales de financiación sostenible, ya que los gobiernos reconocen no solo los riesgos climáticos y ambientales inherentes al sistema actual, sino también las ventajas de atraer capital a largo plazo para apoyar la transición a una economía más sostenible. Muchos centros financieros también compiten por convertirse en hubs sostenibles -alineados a los criterios ESG- a medida que aumenta la necesidad y crece el mercado de soluciones financieras y de inversión innovadoras.
Dada esta inevitable tendencia legislativa, no es sorprendente que estemos viendo un aumento de la implicación de los inversores con los legisladores, reguladores y los encargados de establecer normativas. Si bien se trata, en un primer momento, de una tendencia difundida principalmente en Norteamérica y Europa, no pasará mucho para que se comience a implementar de manera real y efectiva en Latinoamérica. Tengamos en cuenta que las grandes inversiones en nuestra región son llevadas a cabo precisamente por organizaciones del hemisferio norte.
El newsjacking -traducido del inglés como «secuestro de noticias»- es una técnica de marketing que consiste en crear un contenido sobre la marca directamente relacionado con un acontecimiento de actualidad, a fin de conseguir que los medios se hagan eco de él y de esta manera incrementar la notoriedad de la marca.
La herramienta puede ser muy útil si es utilizada correctamente. Una buena aplicación de newsjacking no solo rebotará en medios de comunicación y redes sociales, sino que también generará mayor cercanía e interés de parte del público.
Sin embargo, para lograrlo no basta con un tuit o una nota de prensa. Debe existir un análisis y una estrategia clara. Estos son algunos criterios a tener en cuenta si se desea aplicar esta herramienta.
Rapidez. Es fundamental acertar con el momento oportuno para lanzar la acción de newsjacking: justo después de que se produzca la noticia, cuando los medios están buscando información complementaria sobre ella.
Creatividad. Hay que buscar una manera ingeniosa de vincular el acontecimiento a nuestra marca, de manera que genere un impacto y se diferencie del resto de marcas.
Calidad. El newsjacking es una acción rápida o incluso espontánea, pero esto no es excusa para descuidar el contenido.
Humor. Aunque no es obligatorio, el uso del humor inteligente es uno de los recursos que mejor funcionan para lograr la aceptación de la audiencia y la viralidad.
Moderación. Esta técnica de marketing digital puede volverse en nuestra contra si no usamos un tono apropiado, si escogemos una noticia demasiado controvertida o si simplemente abusamos de la técnica, generando cansancio en la audiencia.
Un buen ejemplo es el que realizó Ford en el 2017, cuando Arabia Saudita, un país musulmán muy conservador, decidió legalizar que las mujeres conduzcan autos por primera vez en 30 años.
“Bienvenidas al asiento del conductor”, decía el tuit que alcanzó más de 30 mil favoritos.
En este ejemplo se cumplen los criterios señalados, pues se dio apenas se supo de la noticia, muestra apoyo a una norma positiva y con amplio apoyo popular e incluso lo hace con cierta ironía y humor. Sin embargo, en ningún momento se banaliza un tema tan serio como la lucha por los derechos de la mujer.
¿Qué proceso es necesario seguir?
Atento a la coyuntura. El primer paso es estar atento a todo lo que sucede en la comunidad, el país y el mundo. Solo así conseguirás encontrar una noticia que sea muy relevante para los usuarios de Internet y redes sociales. Por ejemplo, un suceso político, un evento cultural o de entretenimiento, el fin de un campeonato deportivo, o cualquier situación que acapare la atención pública.
Elige con cuidado. Es importante recalcar que no toda noticia se presta para esta estrategia. A menos que la relación sea clara o tengas algo distinto que ofrecer, lo mejor es evitar el uso de noticias trágicas o negativas. Algunas marcas han intentado usar catástrofes naturales y eventos trágicos para lograr sobresalir y causar impacto. Si bien lo pueden lograr (en sentido negativo), usar este tipo de acontecimientos causa indignación y resulta claramente contraproducente e indeseable.
Busca la conexión. Aquí es donde entra en juego la creatividad. El contenido creado deberá hacer eco de este suceso e incluir algún mensaje de la marca. Por ejemplo, el punto de vista sobre un acontecimiento, productos o servicios que se asemejen a lo ocurrido. Sé creativo y rápido, para no perder el timing y, también, muy cuidadoso con el tono que le das. Ser moderado puede evitar que los usuarios rechacen tu publicación.
Dale la difusión adecuada. El contenido se difunde, pero no por mano propia, deben ser las agencias de noticias quienes hagan este trabajo. ¿Cómo? Pues, como es un evento del momento muchos periodistas, con seguridad, estarán sobre la noticia y algunos querrán un enfoque distinto sobre la misma. Esa es la oportunidad de colocar a tus voceros o representantes de la marca.
Tras el anuncio de la llegada de una segunda ola de contagios de COVID-19 en el Perú, confirmada a mediados de enero por la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, el presidente Francisco Sagasti anunció nuevas medidas restrictivas para controlar la dispersión del coronavirus entre la población.
En primer lugar, el mandatario informó que diez regiones del país ingresarán a cuarentena entre el 31 de enero y el 14 de febrero: Lima Metropolitana y Lima región, Callao, Áncash, Pasco, Huánuco, Junín, Huancavelica, Ica y Apurímac. Ello, debido a que -de acuerdo al esquema creado por el gobierno- son consideradas como regiones en “Riesgo extremo”.
Esto comprende la restricción de “todas las actividades que impliquen desplazamientos fuera de la casa, con excepción de tiendas de abastecimiento de productos básicos con un aforo del 40%”. De esta manera, se retornará al modelo de confinamiento que se dio entre marzo y julio del año pasado, cuando los primeros casos de coronavirus llegaron al Perú.
El anuncio del gobierno detalló también que solo una persona por familia puede salir a realizar las compras a mercados, supermercados y centros de abasto. Además, los restaurantes operarán solo bajo la modalidad de delivery, y se autorizará salidas peatonales a lugares cercanos al domicilio una vez al día solo por una hora (entre las 6 a.m. y las 6 p.m.). Finalmente, se suspenderá también el transporte terrestre y aéreo interprovincial.
En las regiones de Tumbes, Amazonas, Cajamarca, Ayacucho, Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna el nivel de riesgo es “Muy alto”. En ellas se autorizará la apertura de locales comerciales con un aforo del 20%; tiendas de productos básicos con un aforo del 50% y restaurantes al aire libre con un aforo del 30%. Además, se permitirá el transporte interprovincial terrestre con un aforo al 50% y el transporte aéreo continuará con normalidad. El toque de queda será entre las 8 p.m. y las 4 a.m. Los sábados y domingos, se restringirá el uso de vehículos particulares.
El resto del país es considerado en alerta de “Nivel alto”. Por ello, el toque de queda permanecerá entre las 9 p.m. y las 4 a.m. Se restringirá el tránsito vehicular particular los domingos y se permitirá el transporte interprovincial.
A lo anunciado por el presidente, se suman las disposiciones del Decreto Supremo Nº 008-2021-PCM, publicado hoy en el diario oficial El Peruano.
De acuerdo a esto, en las regiones en Riesgo extremo -como Lima Metropolitana- se restringe el uso de autos particulares, a excepción de las personas que cuenten con pases vehiculares emitidos por una autoridad competente.
Además, se ha suspendido hasta el 28 de febrero el ingreso de extranjeros no residentes provenientes de Europa, Sudáfrica y Brasil o a viajeros que hayan realizado escalas en esos destinos.
Finalmente, el DS establece que quienes infrinjan estas disposiciones sanitarias e incumplan con las multas correspondientes estarán impedidos de realizar cualquier trámite ante las entidades del Estado, así como ser beneficiario de un programa social. Es decir, se ha determinado la muerte civil para los infractores.
Para mitigar el impacto económico de todas estas restricciones, el Gobierno anunció también la entrega de un bono de 600 soles a 4.2 millones de familias vulnerables en las diez regiones comprendidas en el nivel extremo de cuarentena.