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¿Qué es el capitalismo de vigilancia?

¿Qué es el capitalismo de vigilancia?

“Antes buscábamos a Google. Ahora Google nos busca a nosotros”, es una de las frases más potentes del libro que la economista y psicóloga social estadounidense Shoshana Zuboff publicó el 2019: La era del capitalismo de vigilancia. El concepto hace referencia a la mercantilización de los datos personales de usuarios de internet, es decir, en la transformación de información personal en una mercancía sujeta a la compraventa con fines de lucro.

“El capitalismo ha evolucionado a través de los siglos e incluso si hay algunos principios del capitalismo que siguen vigentes, toma diferentes formas y variables, de acuerdo a la tecnología y al estado de la sociedad.  En nuestra época, en el siglo digital, se ha presentado una nueva forma de capitalismo, una nueva lógica económica y nueva manera de crear riqueza”, explicó Zuboff en una reciente entrevista para el canal de YouTube del diario argentino La Nación. 

Para hacer la diferenciación más clara, definamos conceptos. En el capitalismo industrial, los propietarios de los medios de producción son los empresarios que, a través de una inversión, compran las materias primas y la estructura necesaria para la producción de bienes y servicios, y contratan mano de obra con este fin. El objetivo es colocar estos productos en el mercado, donde los clientes coinciden con los trabajadores. El medio sobre el que reposa todo el sistema del capitalismo de vigilancia, sin embargo, es la infraestructura digital. Las redes de internet, las tecnologías informáticas y las propias vidas humanas son los medios de producción imprescindibles para proveer datos personales, la auténtica materia prima del sistema.

“El capitalismo industrial, que dominó los siglos XIX y XX, es comprendido por la mayoría de personas. En el siglo XXI, el capitalismo está buscando una nueva fuente de materias primas que puede convertir en commodities. Y lo que encontró fue a nosotros: la experiencia humana. Empezó con Google. Nuestra experiencia humana se ha transformado en una materia prima gratuita de la que se pueden apoderar mediante procesos computacionales”, agrega Zuboff.

Esta experiencia se traduce en datos de comportamiento que se utilizan en todo tipo de cadenas de suministro -similares a los de cualquier fábrica- y son transformados en bienes que pueden ser vendidos.

“Por ejemplo, la pantalla de un video de YouTube es una cadena de suministro. Las aplicaciones, equipos de grabación y celulares son parte del ecosistema. Todos están recopilando datos de las interacciones que llevamos a cabo en línea y la llevan a las fábricas del siglo XXI: una fábrica computacional”. 

La finalidad -el producto final- es combinar esos datos con la computación para hacer predicciones de comportamientos humanos futuros. Es lo que la autora llama productos de predicción. Y se venden a clientes comerciales en mercados que son capaces de emplear estos comportamientos humanos futuros para mejorar sus ventas, crear productos y servicios o revenderlos a otros intereses.

“El capitalismo industrial, con todas sus crueldades, era un capitalismo para las personas. En el de vigilancia, por el contrario, las personas apenas somos ya clientes y empleados, somos por encima de todo fuentes de información. No es un capitalismo para nosotros, sino por encima de nosotros”, sentencia Zuboff.

Pero no se trata solo de una simple predicción de comportamiento. El capitalismo de vigilancia también es capaz de modificar el comportamiento y las acciones de las personas, para lograr un mayor beneficio económico. Zuboff vaticina una pérdida del libre albedrío en pos del lucro.

“En psicología se conoce como modificación del comportamiento. La idea es que puedes usar castigos y refuerzos, o premios, para programar las acciones y reacciones de alguien. Muy a menudo se trata de estímulos subliminales y la gente puede no darse cuenta de lo que está ocurriendo”, advierte la experta. 

Esto está muy bien representado en la estrategia de la gamificación, que convierte cada experiencia de usuario, incluso en sitios web de compra o en apps de todo tipo, en una suerte de videojuego. Siempre encontrarás puntos, estrellas, rankings o calificaciones. Este tipo de recursos hace más amena cualquier experiencia online y te invita a pasar más tiempo en ella. A la vez, permite al software conocer más sobre tus preferencias y hábitos de consumo. 

La otra clave reside en la gratuidad de estos servicios. Las apps gratuitas son el cebo, no un regalo que le hace una empresa magnánima. A través de ellas, comienza la extracción de datos, la acumulación de comportamientos que serán horneados para poner en bandeja un festín de predicciones listas para ser transformadas en dinero.

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